lunes, 18 de junio de 2018

¡Déjenme ir!

¡Déjenme ir! ¡Déjenme ir! Por favor, ¡Quiero irme!
No solo estoy cansada, no los soporto más, no quiero verlos nunca más, nunca más, no quiero escuchar nunca más las voces de los locutores, no quiero escuchar nunca más las canciones que hablan de esta vida, no quiero ver nunca más los coloridos afiches, no quiero ver más miserables actuando, no quiero ver nunca mas hombres erguidos y formales pero despreciables, no quiero nunca más escuchar los chismes.  Ya no quiero esconderme entre las paredes blancas para dormir, ya no quiero caminar sobre el suelo firme, ya no quiero pagar más, me he cansado de las hipótesis y las demostraciones, me cansaron sus discursos y sus tesis, no puedo más, ya no me hablen más.
Lo que menos vale aquí es lo único que me reconforta. Miro cada día el árbol y me aferro a su imagen, quisiera que pudiera salvarme. El viento corre por el pasillo y al cerrar los ojos siento que es el viento de la montaña llamándome, y al cerrar los ojos puedo ver los colores reales de la tierra, sentir el agua corriendo, escuchar las aves cantar y entender su idioma.
¡Déjenme ir! Les juro que no valgo nada, que no tengo nada que aportarles, que no puedo ayudarles, que no existe un papel que pueda desempeñar en su sistema, ni sumo ni resto porque mi voz es corta y nadie puede escucharla. Me voy sigilosamente, que nadie lo note, no haré falta, lo prometo, que de nada serviría que me quedara aquí, mi luz se apagaría antes de jugar con ustedes.
Las manos me agarran, son demasiadas, sus uñas se clavan en mi piel. Me esfuerzo, las empujo, lucho, me pierdo y dejo que me lleven y frente a mí desfilan un montón de insípidos actores, ondean sus banderas de colores. Giro mi cabeza y veo el árbol, lo recuerdo todo. Quiero irme... veo mis brazos y mis piernas sujetadas con fuerza por todas las manos. Es inútil... Les grito ahora, entre rabia y desesperación ¡Déjenme ir! ¡Déjenme ir! Por favor, ¡Quiero irme!

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